Víctor López Cotelo “Con esta sentencia están condenando a la desaparición el Patrimonio Industrial de Ponte Sarela”

oteropombo.com
Fotografía: LLuís Casals

Nunca se nos ocurrió pensar que la crítica que publicamos hace unos días acerca de Ponte Sarela tendría tanta repercusión en las redes sociales. A las pocas horas de ser publicada ya había sido leída, comentada y compartida cientos de veces. Aquel artículo no pretendía más que denunciar una situación injusta, y sin quererlo se ha convertido en una chispa que ha avivado esa conciencia dormida del mundo de la arquitectura. Nos abruma la difusión del artículo, pero no nos hemos querido quedar ahí. Parecía lógico tratar de profundizar más, y no se nos ocurrió mejor forma de hacerlo que hablar con los que mejor conocen este tema. Por ello, hoy os traemos una entrevista con Víctor López Cotelo, artífice de Ponte Sarela entre otras grandes obras, y referente para muchos arquitectos en Galicia y en el resto de España.

Lo primero que me llamó la atención al tratar de ponerme en contacto con él fue el hecho de que Víctor López Cotelo tiene trabajo. Es triste que hayamos tomado por excepción lo que debería ser normal: que los arquitectos puedan seguir ejerciendo la profesión. No debería extrañarnos tampoco, habida cuenta de la trayectoria profesional de este arquitecto, titulado por la Escuela de Madrid en el año 69, colaborador durante 7 años de Alejandro de la Sota, profesor durante cuatro años en la ETSAM, catedrático de Proyectos e Intervención en el Patrimonio en la Escuela de Munich, e incluso, miembro correspondiente de la Academia de Bellas Artes de Baviera y miembro de la Academia de Bellas Artes de Berlín.

 

Miguel Picado: Vayamos directamente a Santiago y a Ponte Sarela. ¿Por qué un arquitecto de Madrid acaba haciendo tantas intervenciones en una zona tan concreta y acotada? ¿Dónde nacen estas colaboraciones con Otero Pombo?

Víctor López Cotelo: Las colaboraciones con Otero empezaron, precisamente, en el Sarela. Otero, que conoce muy bien la ciudad, vio que había una posibilidad de intervención allí, en una zona que en ese momento no tenía ningún tipo de planeamiento. Me llamó y me dijo que estaba pensando en comprar unos terrenos y le interesaría saber qué se podría hacer allí. Tras mucho pensar y analizar si era posible intervenir o no, concluímos que sí, que había una posible intervención que en ese momento era importante al ser la primera intervención que se hacía en el Sarela. La idea era dar una pauta de intervención en todo lo que había allí (curtidurías, naves abandonadas, instalaciones industriales con canales de agua y con molinos…). Era por tanto un arranque de una posible intervención futura, no sólo nuestra, sino de cualquier estudio que quisiese intervenir en ese patrimonio industrial tan importante. Vimos la oportunidad de dar una pauta de cómo poner en valor aquello para que otros se pudiesen interesar y decidimos hacer una intervención más o menos modélica, presentando las posibilidades que tenía en ese momento Sarela.

Entiendo que Otero te buscó a tí, quizás por saber de tu capacidad para intervenir en el patrimonio y confiando en la solución arquitectónica que pudieses dar.

Efectivamente, yo a Otero no lo conocía de nada. A mí me extrañó que un señor de Santiago me buscase a mí, pero bueno, supongo que él se informaría previamente…

Y no sólo te quiso para Ponte Sarela…

Sí, a continuación de Ponte Sarela hicimos la Vaquería, aunque realmente, y debido a las facilidades que tenía la Vaquería con respecto a Sarela (en el sentido de que en la Vaquería ya había un planeamiento urbanístico previo), finalizamos primero la Vaquería. En Sarela hicimos un proyecto y lo presentamos en el Ayuntamiento para saber qué les parecía. Consideraron que era muy interesante y a raíz de eso hicimos un estudio del Sarela para darle una normativa urbanística. Eso retrasó mucho la ejecución del proyecto, aunque realmente fue el primer contacto que tuve con Otero.

Como decía, primer contacto de muchos. Otero siempre ha actuado como constructor y promotor, y tuvisteis una relación profesional muy fructífera durante varios años.

Digamos que, le gustó el resultado de Vaquería, porque él no me conocía y no sabía el resultado que iba a tener. De hecho Otero siempre tuvo una idea más “inmobiliaria”, por decirlo de alguna manera, debido quizás a su experiencia profesional previa. Para él fue como entrar en un nuevo mundo, un nuevo mundo que le interesó. Debido a que conoce muy bien la ciudad, él mismo fue buscando los lugares que tenían cierto interés.

¿Cómo valoras esta colaboración tan estrecha?

Para mí era la aplicación de aquello que más me interesa. Eran unos proyectos con un interés especial, por lo que podían tener de peculiar. No era hacer una vivienda unifamiliar en una urbanización, eran temas que a mí me tocaban de lleno y me permitían desarrollar lo que podría decirse que es mi conocimiento y mi especialidad. Me abrían un terreno de trabajo e investigación que a mí me interesaba.

 

La cubierta dejaba entrar mucha luz: tenía que dar la sensación de entrar en una ruina no intervenida

 

Entremos en Ponte Sarela. ¿Qué era lo que tenía de particular este proyecto?

Seguramente el tratamiento de la dimensión temporal. Teníamos que trabajar en un lugar muy fuertemente caracterizado por su historia, por el tiempo que había transcurrido, por la ruina, por la historia de las curtidurías de Santiago… De la curtiduría no quedaba nada aparte de los muros. Además, la curtiduría está metida dentro del agua del Sarela, en un sitio con mucha sombra, con muchísima humedad, y esto condiciona la propia fábrica ya en desde su origen. Allí no cabía ninguna intervención que no fuera la propia conservación de la ruina, ya que cualquier proyecto implicaría destruirla. Surgió la idea de intervenir en esta fábrica, pero simplemente para poner en valor la estructura tipológica de la curtiduría. Estos espacios quedarían simplemente como testimonio, añadiendo lo mínimo para reconstruir el volumen. Como antiguamente tenía una cubierta a dos aguas pusimos una cubierta a dos aguas. Sin embargo, esta cubierta tenía que dejar mucha luz para no convertir la ruina en un espacio interior: tenía que dar la sensación de entrar en una ruina no intervenida. Por último quedaban una serie de espacios que quedaban abiertos a posibles usos que podían ser más museísticos.

Una especie de centro de interpretación de la curtiduría

Sí, aunque dejando que fuese la propia ruina la que hablase. No se trataba de dejar la fábrica como era entonces, porque perdería el interés del paso del tiempo. Como apenas tocamos la ruina, se hacía necesario desplazar la intervención. Estudiando la estructura industrial de la zona se ve que está compuesta de cuerpos que se añaden unos a otros. En este caso, al lado de la curtiduría hay un molino, una terraza en la que están los secaderos, y los restos de una antigua dependencia en la que mantuvimos el muro y continuamos la estructura aterrazada de la parcela colindante. Pero como te digo, tratamos de respetar al máximo la estructura original. En este volumen pusimos una cubierta verde bajo la que se acogería parte de la instalación de turismo rural. Arquitectónicamente, lo lógico es no engordar una superficie al haber unas tipologías tan definidas, sino crecer añadiendo superficie con otros cuerpos. No deja de ser un organismo compuesto por volúmenes unos al lado de otros.

El proyecto sigue la lógica de la edificación previa, y sin embargo en la última sentencia el juez estima que la intervención debería haber crecido dentro de la propia edificación preexistente.

El error está en pretender que los volúmenes en ruinas crezcan engordando, y no añadiendo volúmenes nuevos como dicta la lógica de estas fábricas. La sentencia dice que sólo se puede crecer el 20% en los volúmenes ya construidos. Lo que el juez no entiende es que añadiendo un 20% al secadero, transformaríamos el secadero en otra curtiduría. Lo que nosotros hicimos fue calcular la superficie ya construida, añadirle el 20%, e intervenir según la ley de crecimiento de la propia fábrica añadiendo dos cuerpos nuevos con esa superficie a mayores. Como la plantación de castaños de al lado está aterrazada, y estamos en la misma ladera, decidimos que las dos construcciones añadidas tuviesen continuidad con esas terrazas, apareciendo dos cuerpos de piedra con cubiertas de zinc. Tratamos de integrar la nueva edificación en la estructura territorial existente.

En resumen, se sigue la lógica de crecimiento de la fábrica añadiendo dos volúmenes y generando una prolongación conceptual a las terrazas de al lado.

Claro. Por otro lado está la dimensión temporal del proyecto. La intervención nueva tiene más presencia que lo existente, de manera que las construcciones que están arriba están más difuminadas. El volumen que está arriba es el garaje, un volumen sin apenas presencia compuesto por una cubierta vegetal. Siempre se sigue la estética industrial, con la chapa, el vidrio o las chimeneas. A medida que vas bajando, las partes pegadas al suelo quedan más cubiertas de verde, y las partes que emergen son las cubiertas de zinc y vidrio. Al llegar al secadero sólo ves una cubiertas de zinc metida en los muros existentes. Una de las barbaridades de la sentencia es que dice que en ese volumen la cubierta tenía que ser a dos aguas, cuando allí hay restos que demuestran que la cubierta del secadero fue siempre a un agua. Este hecho es determinante en los edificios nuevos, que también tienen cubierta a un agua.

Con esta base teórica tan potente, y sobre todo, con todos los permisos concedidos y las felicitaciones de Patrimonio por la integración en el entorno y en la estructura industrial del proyecto, ¿Cómo acaba este proyecto en un juzgado?

No te puedo contar con detalle, pero te puedo dar mi opinión externa a la sociedad gallega. Parece que en Galicia hay una extraña cultura de pleitear con el vecino. Una vecina de la propiedad de Otero, que vive en una casa que es ilegal, hace la primera denuncia diciendo que se estrecha el camino de Finisterre y que se perturba el ambiente de la zona. Pierde ese pleito, recurre, y lo vuelve a perder. En este segundo pleito la sentencia exige que su casa sea demolida. A Otero le da pena la señora y pide que no se cumpla la sentencia. Y de repente, en una especie de voltereta judicial, aparece un juez que dice que todo lo que favorecía a Otero, ahora va en su contra. Este juez aplica su propio criterio de interpretación de la normativa urbanística y dice que se hace una nueva edificación en un sitio en el que no había ruina y que esta nueva edificación es ilegal. Lo que fue considerado como un acierto por todos los arquitectos, organismos e instituciones anteriores, ahora es ilegal. Este juez que no conoce (no tiene obligación de saber de arquitectura), acaba confundiendo crecer con engordar. Incluso se mete en otros asuntos, diciendo que las cubiertas sólo pueden ser de teja y a dos aguas. La mayor tontería es el no entender que la aplicación del 20% dependerá de las circunstancias. Desconozco la capacidad de un juez para decidir si es de teja o no, para eso está la Comisión de Patrimonio que debe interpretar si eso es coherente o no. Fíjate que con el criterio de este señor se podrían haber subido dos alturas a la edificación preexistente, y si encima le pones una cubierta de teja ya queda perfecto. Es totalmente ignorante, una majadería.

Esto lleva en pleitos varios años, aunque parece que esta sentencia ya es definitiva.

Se debieron hacer algunos intentos por parte del Ayuntamiento de arreglar la situación, pero parece que sí, que es definitivo. Y esto no queda ahí. Ya se han hecho las terrazas, quedan algunos restos de cimentaciones… La herida que dejan ahí es importante. Lo siguiente es que con la historia que tiene esto, ¿quién se va a atrever a meterse ahí? Con esta sentencia están condenando indirectamente a la desaparición a estos restos. Por la ignorancia de una sentencia pasas de tener una situación de conservación del patrimonio existente, una situación decente, a tener una indecencia.

 

 Apenas encontramos casas en el entorno que tuviesen licencia. Este es un país que se destruye a sí mismo.

 

Aunque resulta evidente, parece que recibes esta sentencia con indignación

Y no sólo eso. Yo recibo esta sentencia como arquitecto, pero también como ciudadano de un país que ya se sabe cómo va y lo que está pasando. Es el colmo de los absurdos: una intervención con premios internacionales, felicitaciones de las instituciones, con todos los papeles perfectamente en regla, con una familia viviendo allí, que es incluso un potencial cultural para la ciudad de Santiago, y que se ve completamente eliminada, cuando tenemos absolutas barbaridades en el territorio gallego y de otras partes sin ningún tipo de permiso. Apenas encontramos casas en el entorno que tuviesen licencia o permiso. Este es un país que se destruye a sí mismo.

Decía en el artículo que “aguantarán en pie el Conde de Fenosa o el Piricoto, pero tirarán Ponte Sarela”

Es que lo ridículo es constatar que cuando hay un promotor que se esmera en hacer las cosas lo mejor posible, que pasa por todas las instituciones, que invierte todo su dinero y se juega su futuro para dar un valor añadido a la situación presente, se le quita de en medio y se deja lo que hemos tenido toda la vida. Es indignante e inaceptable.

Y como arquitecto, ¿Cómo lo recibes?

Pues como arquitecto… Yo he hecho mi obra y ahí está. Sigo trabajando lo mejor que sé. Muchos concebimos la arquitectura con esta componente utópica de creer que con ciertas intervenciones podemos mejorar la vida de las personas y de la sociedad. Con nuestras intervenciones queremos poner en valor el patrimonio y añadir presente. Ahora mismo deberíamos tener una obligación cívica de mantener estas cosas. ¿Por qué este juez dice lo que dice? En el informe pericial en ningún sitio dice que haya que tirar el todo. No sé si es que hay otras historias o intereses por detrás.

Los intereses ocultos que debe haber por detrás difícilmente los sabremos. Siempre quedará la duda de qué ha pasado para que esta sentencia tan absurda se vaya a acabar ejecutando.

Tiene que haber muchas cosas ahí detrás. Pero bueno, también me quedo con la parte positiva, ha llegado apoyo desde Arabia Saudí a Japón. Al final parece que Ponte Sarela le interesa más a los japoneses que a los gallegos. Yo creo que debemos difundir esto por el propio bien de Galicia y de las personas. Esperemos que no se abra el puchero y cualquier juez pueda decidir dónde se pone teja, o dónde se coloca una escalera.

Víctor, muchas gracias por tu paciencia y por concedernos esta entrevista. Mucho ánimo y suerte.

Gracias  a vosotros.

 

 

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